Historia de la guerra de las Galias, vista desde el punto de vista celta  y contada por un aprendiz de druida que es obligado a entrar al servicio de César como intérprete y escribiente. 

Es una novela muy amena, escrita en un tono optimista, casi divertido, que cuenta las peripecias del druida, que ve cómo su pueblo primero es obligado a abandonar sus tierras por la presión de los germanos y posteriormente es masacrado por Roma. 

Julio César busca excusas, argumentando un peligro inexistente para las fronteras de Roma, con la intención de que el Senado le autorice a entablar una guerra con las tribus celtas (los galos son una de esas tribus), buscando únicamente el oro de los celtas, para pagar sus cuantiosas deudas personales. 

El druida se debate en una lucha interna entre el rechazo que le produce su propio pueblo, que es incapaz de olvidar rencillas inter e intra tribales para unirse y elegir a un único jefe que haga frente a los romanos, y su admiración hacía la organización y la disciplina romana que consigue acabar con su pueblo y sus costumbres ancestrales.

Se establecen las distintas motivaciones que dirigen las acciones de los pueblos. Los celtas, pegados a la naturaleza, donde representaban a sus dioses, como los árboles, las montañas y los ríos donde arrojaban sus ofrendas más valiosas, oro y otras riquezas, devolviendo a los dioses lo que les habían dado. De estos santuarios, que los romanos conocían, sacaron toneladas de oro.  


El Druida del César