¿Cómo se establecen las relaciones entre los individuos? ¿Qué es lo que nos hace ser más afines a unas personas y menos o nada a otras? ¿Por qué siempre terminamos discutiendo con nuestros padres sobre los mismos temas desde la infancia, hasta que somos adultos independizados y puede que con hijos propios?

El triángulo dramático de Karpman, de Gill Edwards es un libro de psicología que ahonda en los roles personales que adquirimos en la vida, con respecto a nosotros, la familia, el entorno personal y laboral.

¿QUIÉNES FORMAN PARTE DEL TRIÁNGULO DRAMÁTICO?

Existen tres roles básicos se retroalimentan entre sí en una espiral negativa que convierte las relaciones entre los individuos en relaciones tormentosas, tóxicas y asfixiantes de las cuales es muy complicado escapar. Estos roles son los de perseguidor, víctima y salvador.

El perseguidor busca a una víctima a la que someter para satisfacer sus propias necesidades. El salvador intenta evitar que esta situación de injusticia se dé, renunciando al mismo tiempo a su bienestar personal e intereses legítimos. La víctima no quiere serlo, pero a la vez desea serlo porque eso le permite no tomar sus propias decisiones e ir a la deriva de la queja provocada por una situación que considera impuesta.

En este triángulo, las personas van cambiando de rol, en función de las circunstancias. Ese compañero de trabajo que pide/impone a sus otros compañeros que renuncien a sus vacaciones de verano o de navidad porque él/ella tiene hijos y la víctima no. Esa persona que siempre se sacrifica por los demás y siente que nadie hace nada por ella. Todos estos ejemplos y muchos más vienen perfectamente analizados por el autor con una clarividencia asombrosa.

¿CÓMO SALIR DEL TRIÁNGULO DRÁMATICO DE KARPMAN?

Una vez, analizados todos los roles y puestos todos los ejemplos reales, que hacen que el lector entienda el juego en que se haya metido sin saberlo, llega la pregunta de ¿cómo se sale de ese triángulo infernal? ¿hay solución? La hay, el autor propone otro triángulo sano, donde las relaciones transcurren de igual a igual, de adulto a adulto.

Esa es precisamente la parte que menos nos gusta del libro, por parecernos demasiado idealista en comparación con la crudeza de la primera parte. Aun así llega a unas conclusiones bastante lógicas y esperanzadoras, aunque difícilmente alcanzables por el grueso de la población.

NUESTRA RECOMENDACIÓN

Sin lugar a dudas, El triángulo dramático de Karpman es un libro que merece la pena leer, que hace pensar y que por lo menos a nosotras nos ha dado un punto de vista muy diferente sobre cómo funcionan las relaciones entre los individuos dentro de la sociedad.

Admite perfectamente una segunda lectura e incursiones varias, porque ese conocimiento adquirido con el libro, nos convierte en observadores de las personas que nos rodean y en los roles que están adquiriendo en cada momento.

Eso, sin duda, nos da una ventaja, nos ayuda a entender por qué nos suceden muchas de las situaciones sociales o personales que a veces consideramos sorprendentes e injustas.

Es sin duda un libro imprescindible.

El triángulo dramático de Karpman

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